Sant Joan Despí era un pueblo que tenía una extraordinaria abundancia de aguas subterráneas, potables y frescas, que proveían una población poco numerosa.
A partir de la segunda década del siglo XX, aumentó el número de habitantes y esto dio lugar a instalar fuentes públicas. Una de ellas era la Font del Be, en la calle del mismo nombre. Para la Fiesta Mayor, el vecindario adornaba la fuente.
Cuando se mercantilizó el agua, la sequía de las vetas subterráneas de toda la población se hizo patente, y trajo como consecuencia la desaparición de las fuentes públicas. La Font del Be se erigió en una especie de símbolo oficioso del pueblo al dar nombre a la revista La Font del Be.
El Ayuntamiento volvió a instalar la fuente en su sitio en 1998.